Ciclos
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Hace como un mes fuí de visita a casa de unos Argentinos que tienen un bebé de dos años, Lucas.Parecía una tarde cualquiera. Uno nunca sabe lo que puede pasar en una tarde cualquiera. Avalanchas, a veces.
Como los Argentinos en realidad no eran amigos míos y yo estaba ahí de colada, me pasé parte de la tarde jugando con Lucas, persiguiendo a Lucas, y viendo videos con Lucas. Cuando llego la hora de despedirnos, me acerqué a la mamá del niño para darle un abrazo y agradecerle. Lucas estaba abrazado a ella y al ver que no me despedía de él me extendió los bracitos y pujó como pujan los niños cuando quieren que uno los cargue. Yo había cargado a tres niños en mi vida y rapidito, así que me sentí un poco espantada al sentirlo en mis brazos. Mientras la despedida seguía, Lucas ponía sus manos a los lados de mi cara y me daba besitos que olían a talco. Algo empezó a removerse adentro de mí, casi físicamente. La plática se alargaba y Lucas, aburrido, puso su frente en mi barbilla y con un suspiro, empezó a quedarse dormidito. Bajé la cara para darle un beso en la cabeza, y el olor a bebé me lleno la nariz. Al sentir su respiración y sus manitas aferrando mi blusa, un sentimiento desconocido hizo que casi se me doblaran las piernas.
Envuelta como he estado todos estos anhos en la ingeniería, y en los números, y en la "self-sufficiency" y en el mundo; y además sin hermanos mayores con hijos y con mis sobrinos lejos, nunca había sentido la sacudida que te da el instinto maternal: el sentirte capaz, por primera vez, de proteger y proveer. De dejar de ser quien necesita para convertirte en quien es necesitado.
Yo veía eso de tener hijos como algo lejano y difuso. Por algunos ciclos de mi vida, porque uno no escoge las impresiones que se graban en la psique y que nos hacen ser eso, ciclos. Los ciclos que continúan de manera inconsciente los iniciados con las decisiones de nuestros padres, su manera de educarnos y de enseñarnos a vivir.
La tarde con Lucas me hizo revisar mis intereses y mi actitud ante la vida. Creo que casi todos vivimos el hoy pensando que el mañana sigue siendo sólo nuestro, y muy probablemente no sera así. La tarde con Lucas me movió a mirar mi vida en busca de los ciclos de los que me quiero deshacer. La tarde con Lucas me hizo darme cuenta de que a la hora de escoger a alguien, es imperativo que ese alguien haya echado un vistazo honesto a sus propios ciclos negativos y este consciente de ellos, para frenar su efecto y ser la mejor versión posible de sí mismo.La tarde con Lucas me hizo sentir que aunque siempre he querido adoptar niños, también me gustaría tener uno mío y de ese alguien.
Es otro enfoque. Es querer estar en las mejores condiciones de regalarle vida a alguien y enseñarle colores, música, texturas…pero sobretodo, darle las armas para que cuando mire hacia adentro encuentre lo necesario para ser un ser humano íntegro. Para que su sonrisa siempre sea de corazón.
Parecía una tarde cualquiera.Uno nunca sabe lo que puede pasar en una tarde cualquiera. Avalanchas, a veces.
Para tí, por si un día existes…

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